La proeza del Bigotón

Xabier Azkargorta (Azpeitia, Guipúzcoa, 26/09/1953) es uno de los entrenadores españoles con más experiencia internacional. Llegó a Primera División cuando el RCD Español (antigua denominación del club) lo fichó como segundo entrenador del veterano yugoslavo Milorad Pavic para la temporada 1983/84. Pero, tras la marcha de Pavic despúes de la segunda jornada, Azkargorta se hizo cargo del equipo con tan solo 29 años, convirtiéndose en uno de los entrenadores más jóvenes de la historia de la nuestra liga. Permaneció en el club blanquiazul hasta el final de la temporada 1985/86. Posteriormente, entrenó al Real Valladolid en la 86/87, al Sevilla en la 87/88 y 88/89 y al Tenerife en la 89/90 y 90/91, salvando al equipo del descenso a Segunda en su primer curso.

Tras dejar el cuadro chicharrero, el guipuzcoano estuvo un tiempo dedicado a su otra profesión, la medicina, hasta que en noviembre de 1992 decidió embarcarse una aventura que le cambiaría la vida para siempre,  aceptando la oferta de la selección de fútbol de Bolivia para ser el seleccionador que intentase la clasificación para el Mundial de USA ’94. Nunca un entrenador español había aceptado un reto tan grande fuera de nuestras fronteras y nunca un entrenador español había entrenado en Bolivia, por lo que, a priori, se antojaba como una enorme incógnita.

Nadie lo conocía por aquellos lares, pese a su experiencia en la Primera División española, y su llegada supuso un cúmulo de habladurías y suposiciones para un país desencantado con su selección de fútbol y preocupado por la llegada de un entrenador extranjero. De hecho, como Azkargorta ha comentado alguna vez, el hecho de llegar al país andino en 1992, quinto centenario de la llegada de los conquistadores españoles a América, no hizo más que añadir morbo a quienes pensaban que llegaba otro español a engañar y a robar a los bolivianos. Con estos ingredientes tan hostiles, el entrenador vasco tuvo que iniciar su andadura sudamericana.

Faltaban menos de dos años para el Mundial de Estados Unidos y el ambiente era de alta tensión. Bolivia ya había competido en los Mundiales de 1930 y 1950, pero llegó tras haber sido invitada y querían obtener una clasificación por méritos propios. A punto estuvo de clasificarse para el de Italia ’90, empatada a puntos con Uruguay, aunque la diferencia de goles les dejó fuera una vez más. Así pues, la afición boliviana, también debido a la situación política, social y económica del país, se mostraba muy pesimista y desesperanzada ante cualquier atisbo de cambio.

azkargorta y etcheverry

Antes de la fase clasificatoria para el Mundial ’94, Bolivia debía jugar la Copa América de 1993 en Ecuador. Con objeto de mejorar la preparación de la selección boliviana, de huir del clima social del país y de conjuntar más al grupo, Azkargorta se llevó a los suyos en mayo de 1993 al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat (Barcelona), donde, sin apenas dinero ni medios (porque la federación boliviana estaba bajo mínimos), se dedicaron a entrenar y a jugar partidos amistosos en condiciones bastante precarias, pero con toda la ilusión del mundo.

El preparador español tuvo que llevar a cabo un arduo trabajo grupal, centrado en tres aspectos principales: encauzar y aprender a aprovechar el talento que tenía el equipo para generar fútbol de ataque, mejorar y coordinar los movimientos y la disciplina en la fase defensiva y, sobre todo, dar un giro radical a la típica mentalidad pesimista  y al sentimiento de inferioridad de los bolivianos y enseñarles a creer y confiar en sus virtudes propias, sin importar el rival.

Una vez terminado el stage en España y sin apenas tiempo para descansar, puesto que la Copa América se iniciaba en cuestión de días, Bolivia jugó un último amistoso, en La Paz y contra su eterno rival, Chile. El encuentro fue un desastre: los bolivianos perdieron por 1-3, la indignada afición local animó al equipo chileno (sobre todo a los que jugaban en Unión Española, como recochineo para Azkargorta), llegaron a apedrear el autobús del equipo y la prensa explotó contra la gestión del técnico vasco, por considerar que sus buenas palabras y mensajes positivos no eran más que una cortina de humo para mantenerse en el cargo. Toda esta rocambolesca situación llegó a su punto más álgido cuando, unos días después, el entrenador llegó a recibir amenazas de muerte si no era capaz de clasificar al equipo para el Mundial.

A mediados de junio de ese año 1993, Bolivia comenzó su andadura en la Copa América celebrada en Ecuador, donde estaba encuadrada en un durísimo grupo, junto con la actual subcampeona del mundo y campeona de América, Argentina, con la Colombia de Valderrama y Maturana y con México. La Verde realizó una primera fase más que digna, cosechando una derrota por la mínima ante los argentinos en el primer partido (1-0), seguida de dos empates ante Colombia (1-1) y ante México (0-0). Acabaron últimas de grupo, pero las sensaciones que ofrecieron invitaron al optimismo de cara a la inminente fase de clasificación para la Copa del Mundo.

bolivia clasif 94

Aproximadamente un mes después de la competición continental comenzaron las clasificatorias para el Mundial USA ’94 y a Bolivia le tocó iniciar con una visita a la (entonces) débil Venezuela. Y antes de la mitad del primer tiempo, Venezuela se adelantó en el marcador. La decepción sobrevoló todas las cabezas: los periodistas empezaron a maldecir al equipo con la vieja cantinela victimista y muchos aficionados apagaron su televisor, esperando un nuevo fracaso. Sin embargo, lo que no sabían era que aquel día, en Puerto Ordaz, iba a cambiar para siempre el destino del fútbol boliviano. Dieron la vuelta al partido antes del descanso, poniendo el 1-3 en el marcador y, en la segunda parte, llegó la exhibición con la que Bolivia terminó venciendo por un espectacular 1-7. Nadie daba crédito.

Seguidamente, les tocaban cuatro partidos seguidos como locales, que marcarían el devenir de los bolivianos. Y el primero era ante la tricampeona mundial, Brasil. Con una mentalidad ganadora muy trabajada por Azkargorta y su cuerpo técnico, la Verde salió a competir con los brasileños de tú a tú. Fallaron bastantes ocasiones para adelantarse en el marcador y en el minuto 75 llegó el momento clave: penalti a favor que lanza mal “Platini” Sánchez y detiene Taffarel. En otro momento, esto hubiese supuesto una debacle mental para el equipo, pero continuaron intentándolo hasta que en el minuto 88 la estrella local, Marco Antonio Etcheverry, realizó una jugada individual, llegando hasta línea de fondo y haciendo un centro-chut no muy fuerte, que Taffarel no sujetó y se metió en la portería brasileña. Fue un completo estallido de júbilo en el estadio, que todavía fue mayor cuando Álvaro Peña puso el 2-0 definitivo en el descuento. Era la primera derrota en la historia de Brasil en una fase clasificatoria de un Mundial. La hazaña puso a Bolivia en boca de todos los telediarios mundiales e, incluso, de la revista Times.

Era un comienzo soñado, que se vio incrementado tras vencer a la potente Uruguay  de Francescoli, Rubén Sosa y Fonseca por 3-1, a Ecuador por 1-0 y a Venezuela por 7-0. Cinco victorias en los primeros cinco partidos, que alzaron a la selección boliviana al primer puesto de su grupo y que la dejaron a un punto de lograr la clasificación mundialista. El siguiente encuentro se convirtió en una pesadilla en la cual Brasil se tomó cumplida venganza del cuadro de Azkargorta, venciéndoles por 6 a 0.

Después, Uruguay también les ganó 2-1 y lo puso todo algo más difícil, teniendo que llegar a la última jornada para certificar el pase en Ecuador, tras lograr un sufrido empate a 1. Misión cumplida. El “Bigotón”, nombre con el que se conoce cariñosamente al entrenador vasco en Bolivia por su característico gran bigote, había logrado la proeza tras superar mil y una adversidades. Bolivia por fin obtenía una clasificación por méritos propios para la fase final de un Mundial de fútbol.

azkargorta mundial

El éxito se logró, además de por el cambio radical de mentalidad competitiva, en base al sistema de juego 1-3-3-3-1 (1-5-4-1 en fase defensiva) y a un estilo de juego atrevido y descarado en casa y algo más cauto a domicilio. Los jugadores más importantes en la clasificación fueron: Carlos Trucco en portería, Marco Antonio Sandy, Quinteros y Rimba como defensas, Carlos Borja como carrilero derecho y Cristaldo como carrilero izquierdo, Milton Melgar como mediocentro organizador, Erwin “Platini” Sánchez por delante como enlace, escoltado en los costados por Baldivieso y Etcheverry, con Ramallo o Álvaro Peña en punta. Más adelante, en el Mundial ’94, Bolivia fue eliminada en primera fase, al caer derrotada por 1 a 0 ante Alemania (tras un desafortunado gol de Klinsmann) y por 1-3 contra España, y empatar a 0 ante Corea del Sur, contra  quien mereció más.

El combinado del “Profe” Azkargorta estuvo a la altura en todos los encuentros, pero pagó tanto la inexperiencia como la falta de gol y algunos errores puntuales, como el resbalón de Trucco previo al gol alemán o la autoexpulsión de su estrella Etcheverry ante los germanos a los cinco minutos de entrar al campo. Lo que resulta incontestable es que el hito logrado fue de tal magnitud que hoy en día, 24 años después, Bolivia ha sido incapaz de volver a clasificarse para un Mundial. Es por ello que la figura del técnico español es admirada y respetada en todo el país, para quienes es un héroe. Por el contrario, en España nunca se le ha llegado a reconocer como merecía y no ha vuelto a entrenar a ningún equipo español desde que dejase el Tenerife a principios de 1991.

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