Las noches mágicas del Bernabéu (Parte 2)

hugo contra el Inter

Al final de la temporada 84/85, Luis de Carlos dejó la presidencia y Ramón Mendoza inició una nueva etapa. Se decidió contar con Molowny en la 85/86 para seguir liderando el relevo generacional que ya estaba iniciado. Salieron del equipo varios veteranos como Stielike, Isidro, Lozano o Ángel y otros más jóvenes, como Juan José, Fraile y Pineda, junto a Pardeza, que fue cedido al Zaragoza con la temporada empezada. Para reforzar al equipo y evitar repetir otra campaña tan inestable como la que acababa de terminar, el Madrid fichó a tres jugadores consagrados: los internacionales españoles Maceda y Gordillo y el pichichi mexicano Hugo Sánchez.

INICIO ASEQUIBLE

A priori, eran argumentos suficientes como para cambiar la tendencia. En esta ocasión, la temporada liguera comenzó bastante bien y volvían a jugar Copa de la UEFA. La primera ronda les emparejó con el AEK de Atenas. Y, para no perder las costumbres, el Madrid perdió 1-0 en Grecia en la ida y goleó por 5-0 en la vuelta en casa, dejando la eliminatoria solucionada en el descanso, con un parcial de 4-0. Después de esto, todo continuó mejorando en la liga, situándose como líder ya desde muy pronto.

De cara a los dieciseisavos de final de la UEFA, el rival fue el Chernomorets de Odessa soviético. El primer partido se jugó en el Bernabéu, con victoria ajustada madridista por 2 a 1. El segundo partido se saldó con un empate sin goles en Ucrania. Con el pase a octavos de la UEFA ya conseguido, el Real Madrid tuvo su primera minicrisis del curso, ya que perdió 2 de los tres partidos de liga previos a verse las caras contra el Borussia Mönchengladbach en Europa: 2-0 ante el Barça y 3-2 contra el Valladolid.

EL BORUSSIA PASA POR ENCIMA DEL MADRID

El Borussia Mönchengladbach de aquel momento ya no era aquel temible conjunto de los años 70 que, comandado por los Heynckes, Simonsen, Jensen, Vogts o Bonhof, ganaron varias Bundesligas, 2 Copas de la UEFA y fueron subcampeones de la UEFA dos veces y una de la Copa de Europa. Esta vez Jupp Heynckes cumplía su séptima temporada como entrenador de la entidad y contaban con un bloque sólido y muy buenos futbolistas, como Lienen, Mill, Criens y Uwe Rahn. Dos grandes clubes, dos mentalidades fuertes y ganadoras. El duelo se intuía intenso. Y no defraudó.

Si las experiencias de la temporada anterior del Real Madrid en la UEFA llevaron al límite a los corazones de sus seguidores, lo que iba a ocurrir entonces está al nivel de las películas de suspense de Hitchcock. La ida, en el Rheinstadion de Düsseldorf, supuso una de las mayores tragedias jamás vividas por los blancos en torneos internacionales. Al descanso, ya perdían por 2-0, con goles de Mill y Salguero en propia puerta. Con los alemanes crecidos y oliendo sangre, salieron a por todas en la segunda mitad y dos goles de Rahn reflejaron un asombroso e impactante 4-0 antes del minuto 60. Tirando de orgullo, Gordillo, que sería expulsado al final del encuentro, ponía algo de esperanza con el primer gol español. Pero Lienen, a falta de 8 minutos, cerró una impactante goleada, que dejaba muy tocados a los de Molowny.

LA GRAN NOCHE BLANCA

Así y todo, y con los precedentes cercanos frescos, el equipo empezó a pensar en otra gran remontada. Otra gran noche. A muchos jugadores, además del marcador, les habían herido el orgullo las burlas por parte de los jugadores y el público alemán. Y ya se sabe: el Real Madrid es todavía más peligroso cuando está herido que en condiciones normales. Gordillo, Hugo Sánchez y Chendo (por sanción), y Sanchís (por lesión), conformaron una larga lista de importantes bajas. Juanito y Santillana, dos leyendas, dos veteranos suplentes de lujo, tuvieron su oportunidad como titulares para liderar al grupo. Y no le pudo salir mejor la apuesta al entrenador madridista. Ya desde el túnel de vestuarios, varios jugadores locales buscaron intimidar a sus rivales y trataron de hacerles ver que aquella noche iba a ser un infierno para ellos. Premonitorio.

Otra vez el olor a épica en el coliseo blanco. Antes del minuto 20, Juanito, que fue de los mejores del partido, dio dos asistencias para que Valdano pusiera el 2-0 y encendiera la ilusión y la fe del Madrid y su afición. Pero los minutos iban pasando con los madridistas volcados y no llegaban más goles. Mill estuvo a punto de amargarles el partido al borde del descanso. Tras la reanudación, misma tónica, aunque con el Borussia algo más despierto. A los 77 minutos, Santillana empalmó a la red una volea que supuso el tercero. Y el mismo capitán fue el encargado de anotar el 4-0 final, que les daba el pase a la siguiente ronda de forma agónica, en el minuto 89. De nuevo victoriosos y de nuevo habiendo realizado una proeza. El Borussia no daba crédito, pero aprendió la lección de no menospreciar nunca al conjunto de Chamartín. El resumen de lo sucedido fue la icónica imagen de Juanito, siendo sustituido en el minuto 90 y celebrando de manera incontenible la gloriosa victoria conforme se retiraba.

REENCUENTROS AMARGOS Y OTRA VEZ EL INTER EN SEMIFINALES

En los casi tres meses que pasaron desde este partido hasta los cuartos de final de la UEFA, donde se enfrentarían al Neuchatel suizo de la ex estrella madridista Uli Stielike, el Madrid se mostró intratable en liga y fue pasando rondas en Copa del Rey. Los suizos no suponían una gran amenaza para el equipo de Molowny, pero Stielike tenía alguna rencilla del pasado con su ex compañero Juanito que iba a salir en algún momento del encuentro. Pese a todo, victoria de los blancos por 3-0 en la ida, con goles de Hugo, Míchel y Butragueño. En Suiza, el Madrid estuvo más pendiente de conservar la ventaja que otra cosa. El Neuchatel lo intentó y ganó por 2-0, con un gol de Stielike (que se tomó una pequeña venganza con su antiguo equipo) y otro en el 90 de Jacobacci. No les sirvió para clasificarse, pero sí para obtener una victoria de prestigio en Europa.

El equipo mantenía un claro dominio en la liga española, pese a alguna derrota dolorosa, como la sufrida justo antes de las semifinales de la UEFA ante Las Palmas. Los canarios, que perdían 1-3 en el minuto 80, lograron remontar el encuentro en 8 minutos, con tres goles de la pareja chilena formada por Santís y Coke Contreras. No era un buen augurio, porque en semifinales le tocó otra vez el Inter de Milán, que esperaba a los blancos con ánimo de revancha, después de la gran remontada sufrida en la misma ronda la temporada anterior. Y el guión inicial de la eliminatoria fue casi idéntico. El Inter golpeó primero, venciendo por 3-1 en el Giuseppe Meazza, con dos goles de Tardelli y otro de Salguero en propia meta, mientras que para los españoles anotó Valdano.

Esta vez, el Inter ya llegó al partido de vuelta con las alarmas puestas, porque no querían repetir la experiencia del año anterior. Y, acostumbrados al juego duro y defensivo de su país, no tenían inconveniente alguno para salir a verlas venir. Pero al Madrid, herido y necesitado, y con la confianza de haberlo logrado en iguales o peores contextos, no le quedaba opción: ganar o ganar. Y, por enésima vez, se invocó al espíritu de las noches mágicas del Bernabéu.

«NOVENTA MINUTI EN EL BERNABÉU SON MOLTO LONGO»… OTRA VEZ

A la desesperada y buscando asediar a los interistas en su campo, el Real Madrid solo pudo irse venciendo al descanso por 1-0, merced a un tanto de penalti de Hugo Sánchez. Viendo el inminente peligro, el Inter se estiró al inicio de la segunda mitad, llegando a poner el “uy” en la grada con un tiro al palo de Bergomi. En el minuto 64, Gordillo puso el 2-0 que remontaba momentáneamente la semifinal. Sin embargo, la alegría duró muy poco. El irlandés Liam Brady anotó el 2-1 dos minutos después y llevó la incertidumbre a las gradas. Diez minutos más tarde, Butragueño provocó un penalti, que Hugo volvió a marcar. 3 a 1 y los blancos igualaron el marcador de la ida y ya no se movió, por lo que hubo que ir a la prórroga.

A los tres minutos de la misma, la bestia negra del club italiano en los últimos años, Carlos Santillana, anotó de cabeza para subir el 4-1 al marcador. Y en el 108, tras una contra perfecta de Butragueño, Hugo le dejó en bandeja el 5-1 al histórico goleador madridista para redondear otra velada prodigiosa de fútbol, casta, orgullo y éxtasis. El Real Madrid lo había vuelto a hacer: había llegado a la final de la Copa de la UEFA, por segundo año consecutivo, después de haber llevado a cabo espectaculares remontadas en el Santiago Bernabéu, tras cosechar primeramente duras derrotas a domicilio. Se había convertido prácticamente en una costumbre y, recordando las palabras de Jorge Valdano, tanto el equipo como la afición se creyeron capaces de cualquier cosa, sin importar la dificultad de la misión.

CAMPEONES DE LIGA Y BICAMPEONES DE UEFA

Con el campeonato de liga ya certificado, el Madrid tenía la oportunidad de revalidar su título de campeón de la Copa de la UEFA un año después de haberlo conquistado. Pero el oponente, el Colonia alemán de los Schumacher, Allofs, Littbarski y los jóvenes Illgner (futuro portero blanco) y Hässler. Al igual que la temporada previa, el Bernabéu acogería el encuentro de ida. Esta vez, las cosas no se iniciarían nada bien: Allofs, de fuerte zurdazo, adelantaba al Colonia en el minuto 29. Minutos más tarde, dos jugadas a balón parado ejecutadas por Juanito acabarían suponiendo los dos goles que remontaban el partido antes del descanso, marcados por Hugo Sánchez y Gordillo respectivamente. Valdano pondría el 3-1 en el minuto 51. Y, ya al final del partido, el argentino repetiría en el 85 para poner 4-1 y Santillana, que había salido al campo a falta de ocho minutos, cerraba una nueva goleada en el 90.

El Real Madrid volvía a acariciar otro título europeo, a falta del partido de vuelta en tierras alemanas. Y, conociendo la mentalidad germana, que nunca se dan por vencidos, el Colonia no lo iba a poner fácil. Al final, la realidad era que la renta a remontar era casi insalvable y “solo” pudieron vencer al conjunto madridista por 2 goles a 0. El Madrid había conseguido ganar la UEFA dos años seguidos y, más que por los títulos en sí, todo el mundo, aficionados y no aficionados blancos, recordarán que hubo un equipo que desafió a cualquier tipo de razonamiento lineal y protagonizó algunas de las remontadas más espectaculares de la historia del balompié.

RETORNO AGRIDULCE A LA COPA DE EUROPA

En la temporada siguiente, el equipo volvió a jugar la ansiada Copa de Europa, ya con el holandés Leo Beenhakker como entrenador. Y, a pesar de que las circunstancias no eran las mismas, se dieron otro par de remontadas. En primera ronda, perdieron 1-0 contra el Young Boys suizo y los machacaron en la vuelta en Madrid, endosándoles un 5-0. Más tarde, eliminaron a la Juventus de Platini, Cabrini, Serena y Laudrup en los penaltis. Pero la última gran remontada de aquella generación de la “Quinta del Buitre” ocurrió en cuartos de final. El Estrella Roja yugoslavo les infligió un severo correctivo en Belgrado, ganándoles 4-2.

En el segundo partido, disputado en el Bernabéu, Butragueño adelantó al Madrid con un gol maradoniano y Sanchís, de cabeza, dio el pase a semifinales. En esa ronda, el Bayern de Múnich de Rummenigge, Matthäus, Augenthaler y Brehme terminó con el sueño blanco, venciéndoles por 4-1 en Alemania (ese día ocurrió el famoso pisotón de Juanito a Matthäs, que supuso su sanción de por vida de las competiciones europeas). En la vuelta, el Real Madrid ganó 1 a 0, siendo eliminado a un paso de la gloria. Ahí comenzó una maldición de tres temporadas consecutivas cayendo en semifinales de Copa de Europa, que impidió que pudiesen haber agrandado todavía más su historia.

EL LEGADO BLANCO

Este fue el punto de partida de las grandes remontadas europeas del Real Madrid. De aquellas noches mágicas del Bernabéu. Esas que transformaron a un estadio que era casi un teatro en una auténtica olla a presión. Un lugar capaz de amedrentar a cualquier rival a través del “miedo escénico” y de hacer volar a un equipo que, con mejor o peor juego y situación interna, llevó los valores competitivos y la entrega a unos colores al extremo. Un conjunto que, apoyado en su historia y dotado de una confianza propia que intimidaba a sus rivales, se sintió capaz de las mayores insensateces posibles.

En ocasiones, daba la impresión de que casi se dejaban perder, solo para poder llevar a cabo una gesta aún mayor. Años después, necesitados de estos valores, se reclamó otra vez al “espíritu de Juanito”, en referencia al eterno 7 blanco y los grandes partidos que disputó junto a sus compañeros. Y no solo eso, sino el precedente de cómo debe comportarse un futbolista blanco en las buenas y, sobre todo, en las malas. La cuestión es que, más allá de ser aficionados del Real Madrid o no, si de verdad te gusta el fútbol, es imposible no emocionarse con este tipo de historias. Porque son el reflejo de lo que es nuestro deporte. Ganar y perder. Llorar y reír. Disfrutar. Fútbol en estado puro.

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