Lecciones que conviene no olvidar

Estos últimos meses no han sido fáciles (a nivel personal y laboral) y me han recordado tres lecciones que conviene no olvidar nunca en el mundo del fútbol (y en la vida):

La primera, que «es muy complicado ser profeta en tu tierra». Las oportunidades (reales) en tu país, en tu región o, incluso, en tu ciudad, parece que, en general, siempre son mucho más reducidas que fuera, sobre todo si no eres del agrado personal de las camarillas de turno. Pasa el tiempo, pero la vida sigue igual y da la impresión de que, si no ríes las gracias, no se te tiene en cuenta para casi nada. Por suerte, quien menos te esperas es luego quien más te valora.

La segunda, que «a las personas se las conoce de verdad en las malas situaciones». En las buenas, es muy fácil ser “buenos amigos» y llevarte bien con la gente, porque todos están disponibles para hacer algún favor. En cambio, si vienen mal dadas, se quedan solamente los que de verdad merecen la pena. Predicamos que “el fútbol es un deporte de equipo” y, cuando la cosa se pone fea, muchos se olvidan del equipo y ya juegan solamente “su partido”. Y esto lo he podido comprobar de primera mano en este 2020, en el que las caretas de muchos se han caído conforme avanzaban los meses y los hechos. Demasiada gente, bastantes menos personas.

La tercera es que “no se llega a ninguna parte sin buenos contactos”. El discurso de la meritocracia es, a la hora de la verdad, una cortina de humo inexistente. Más esfuerzo, mejor preparación y más trabajo ayudan a ser mejor profesional, pero no equivalen a más y mejores oportunidades. Quizás puedas avanzar hasta cierto punto aunque, si no tienes la suerte de encontrar a la persona que te dé una oportunidad real, nunca podrás acceder a escalafones superiores. Triste, pero real como la vida misma.

Por eso, a raíz de todo esto, me gustaría remarcar una vez más la labor de todos los profesionales del fútbol que, sin haber sido profesionales o sin los contactos correspondientes, tenemos que ir excavando túneles con un pequeño pico, piedra a piedra, para poder ir avanzando. Que no nos engañen: en esta sociedad, el camino no es el mismo para todos y el nivel de esfuerzo y la capacidad no son, en absoluto, la vara para medir las aptitudes reales. Quienes llegan arriba lo hacen más por contactos que por méritos, independientemente de que lo puedan merecer… o no.

Para finalizar, una reflexión: no sabemos lo que la vida nos deparará mañana y debemos aprender a aceptar que hay muchas cosas que no dependen de nosotros. No obstante, existen varios puntos esenciales que sí dependen únicamente de nosotros mismos: intentar ser mejores personas y profesionales cada día; elegir a los que nos acompañan en esta vida; no conformarnos solo con lo que «nos toca»; ser fieles y agradecidos con quienes lo merecen; ser críticos con todo lo establecido; y sacar enseñanzas de las experiencias. No sé si nos irá mejor o peor siguiendo estas pautas pero, si nos enfocamos en ellas y las trabajamos, podremos mirarnos cada día al espejo y estar orgullosos de nosotros mismos, que no es poco.

Mientras tanto, seguimos adelante, luchando, viviendo y aprendiendo. Nadie dijo que fuese sencillo.

Un comentario en «Lecciones que conviene no olvidar»

  1. Muy Cierto lo que dices. Veo que has estado en China y tienes muchos contactos e interés en volver.
    Yo he estado una temporada y me gustaría repetir pero no es fácil encontrar buenas ofertas.
    Me interesaría intercambiar experiencias y ofertas contigo.
    Un saludo

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: