Métodos arcaicos, palabrería, excusas, incoherencias y victimismo

Entrenadores de fútbol los hay extraordinarios, buenos, regulares, malos y peores. Pero, aparte del nivel y la capacidad personal de cada uno, existen algunos que intentan compensar con excusas, incoherencias, victimismo y otros pretextos lo que no son capaces de ofrecer futbolísticamente. Suelen ser personas  con más verborrea y nombre que talento y que, más pronto que tarde, empiezan a mostrar sus limitaciones reales cuando el balón echa a rodar. Por desgracia, todavía hay mucha gente que llega a creérselos, ya sea por interés/”amiguismo” o porque les convence su discurso. Por eso es conveniente repasar algunas de las cualidades más típicas y recurrentes de estos entrenadores, con el fin de reconocer y desenmascarar las mentiras y contradicciones que encierran en ellas:

  1. “Yo llevo muchos años entrenando y tengo muchos ascensos”

Quienes necesitan recordar continuamente a los demás toda su experiencia pasada en el mundo del fútbol, así como sus logros, es porque no disponen de muchos más argumentos. Suelen ser entrenadores bastante pasados de moda, egocéntricos y que siguen entrenando hoy en día con la misma metodología (por llamarla de alguna manera) que utilizaban hace 20-30 años, cuando empezaron a entrenar: cargas físicas extremas, poco uso del balón para entrenar, ejercicios muy analíticos y sin transferencia al juego real y mucha explicación en la pizarra, como hacían con ellos cuando eran jugadores. Por supuesto, el juego de sus equipos suele ser muy reconocible: balones arriba e ir al límite.

  1. “El equipo tuvo mucha intensidad y actitud mientras nos duró el físico”

Es uno de los argumentos clásicos de algunos entrenadores: el físico, la intensidad, la actitud, el trabajo, el esfuerzo, etc. Para ellos el fútbol solo se reduce a eso, olvidándose por completo de los principios de juego y de cualquier debate táctico que profundice en el fútbol como tal. Al igual que en el primer caso, es un tipo de discurso que denota poco conocimiento del juego. Es más, todas esas cualidades físicas y psicológicas a las que recurren son tópicos comunes a todos los equipos, ya que todos corren, luchan, se esfuerzan e intentan salir a ganar, en mayor o menor medida. Al final, lo que marca la diferencia es tanto la calidad de la organización del equipo con y sin balón durante el juego, como la calidad de la interpretación de las distintas situaciones. Lo demás es pura paja.

  1. “Si hubiésemos jugado como practicamos en los entrenamientos, habríamos ganado”

Todavía hoy sigue habiendo entrenadores que están convencidos de que cuando ganan, es porque los jugadores siguieron el plan que se había entrenado durante la semana y si pierden, es porque no han jugado como se trabajó. Es decir, que la victoria es cosa de ellos y la derrota es culpa de los jugadores. Y no solo lo comentan de puertas hacia dentro del vestuario, sino que no tienen problema en decirlo abiertamente en ruedas de prensa. Cualquier cosa con tal de no hacer reconocer errores propios. Justo lo que no deberían hacer.

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  1. “A mí me gusta el juego elaborado, pero muchas veces no se dispone de los jugadores adecuados”.

Es una muletilla de la que se ha abusado a lo largo de los años. Entrenadores que dicen ser admiradores de un juego valiente, elaborado y atractivo, pero no pueden llevarlo a cabo porque, según ellos, sus jugadores no tienen la calidad suficiente. Así pues, sus conjuntos siempre acaban recurriendo al juego directo y al contraataque como armas (en algunos caso, ni siquiera eso). Por una parte, es una incongruencia, debido a que un entrenador debe transmitir a sus equipos el tipo de juego que siente. De lo contrario, se está mintiendo a sí mismo. Y, por otra parte, es una falacia, porque cualquier estilo se puede jugar y adaptar, en función de la metodología de entrenamiento y de los futbolistas escogidos para ello. Quizás, el problema real sea la falta de conceptos y conocimientos como para desarrollar ciertos estilos. O, simplemente, no querer reconocer que prefieren otro estilo más reactivo.

  1. “En esta categoría no se puede jugar bien, porque no te dejan”

En una línea muy similar al punto anterior, hay entrenadores que nunca encuentran la categoría adecuada para poder intentar practicar un fútbol ofensivo y elaborado. Si están en divisiones bajas, los equipos no tienen calidad y los partidos son muy trabados. Si están en categorías medias, porque todos los conjuntos tienen un nivel similar y la preocupación por el descenso o ascenso provoca una gran presión. Y en las divisiones altas, porque hay mucho nivel y no se puede competir de igual a igual contra ciertos equipos. El caso es que, escuchando a estos tipos, es imposible practicar un buen fútbol. No obstante, como en el caso previo, lo más seguro es que el problema resida más en la falta de recursos del entrenador que en el nivel futbolístico de tu equipo y de sus rivales.

  1. “Los árbitros nos roban”, “nuestra liga es otra”, “los rivales tienen más calidad” o «hay que apoyar más y criticar menos»

Son varios de los argumentos más recurridos por los entrenadores victimistas. Esos que convierten al victimismo en algo similar a una religión y, a estas excusas, en las plegarias. Sus derrotas siempre se pueden justificar en que los árbitros tienen montada alguna campaña de desprestigio en su contra, que la derrota se produjo ante un equipo de zona alta contra el que no se preveía puntuar o, directamente, dejando claro que el presupuesto y la calidad de sus plantillas es muy baja, comparado con las de los demás, por lo que lo tienen muy complicado. Si sale todo bien, lo venden como una heroicidad, una lucha de ellos contra todos; si la cosa se tuerce, no pasa nada porque luchan en inferioridad de condiciones. En el caso de que se les critique, siempre arremeten  contra agentes externos, buscando excusas como que el equipo no compite bien por falta de apoyo, etc. Puede que todavía no hayan descubierto que un buen entrenador, con una buena idea y sabiendo trabajar, es capaz de compensar muchas de estas limitaciones y jugar y competir en iguales condiciones ante cualquier rival.

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  1. Los que entrenan un tipo de tareas y luego juegan a otra cosa distinta

Existen otros entrenadores que, en sus sesiones de entrenamiento, utilizan tareas que podrían ser interesantes pero, posteriormente, no tienen transferencia alguna con el juego que pretenden desarrollar. Un ejemplo claro son aquellos que realizan multitud de ejercicios de rondos, posesiones y tareas en espacios reducidos sin apenas orientación táctica hacia su modelo de juego y luego, al llegar el partido, buscan todo el rato balones largos y segundas jugadas. Entrenan de esta forma porque es un método común en el fútbol actual, pero no entienden el porqué de trabajar así, ni saben adaptar los ejercicios al juego que quieren que su equipo practique. Normalmente, acaban desorientando a sus propios jugadores, quienes, al no tener un estilo de juego claro y trabajado, no suelen hacer dos partidos iguales y no disponen de una lectura colectiva clara del juego.

  1. Los que copian entrenamientos, movimientos y modelos de juego de equipos de élite y los sistemas de juego de moda

Hay otros que siempre están “a la vanguardia” del fútbol y se dedican a extraer tareas o sesiones de entrenamiento, así como copiar modelos de juego o movimientos de equipos de élite exitosos, reproduciéndolos tal cual. No se paran a pensar en si su equipo es capaz de llevar eso a cabo, o si es adecuado para el modelo propio de juego. Si lo hace tal equipo de élite, lo consideran de calidad y no hay más que hablar. A veces, llegamos al absurdo de ver a equipos que retrasan y abren a sus centrales en amplitud, para luego enviar balones largos. Con los sistemas de juego de moda pasa algo parecido. ¿Que está de moda el 1-4-2-3-1? Ese es el bueno. ¿Que ahora se juega con defensa de 3? Pues se cambia a eso. Y así con todo. Al carecer de un criterio propio y de un estilo definido, siempre intentan jugar a caballo ganador. Pero claro, sin tener en cuenta las diferencias con quienes copian, ni las necesidades de su propia plantilla.

  1. Los que siempre juegan en función del rival

Otro perfil típico son los entrenadores que buscan adaptar cada semana todo el sistema táctico y el estilo en función del oponente contra el que van a jugar. No es que ajusten su modelo de juego a las peculiaridades del rival, no. Es que lo modifican casi todo, porque su estilo es no tener estilo. Quizás en un primer momento no tenga que ser algo del todo malo, pero hace que su propio equipo no sepa a qué atenerse. Y, menos aún, si las circunstancias del partido cambian con respecto a lo trabajado. Entonces el cortocircuito puede ser una locura.

  1. Los que hablan de partidos y circunstancias que solo han visto ellos

Otra especie interesante son aquellos entrenadores cuyo talento, más que verse reflejado sobre el terreno de juego por el fútbol que practican sus equipos, se desarrolla en las ruedas de prensa. Con micrófonos delante, son capaces de intentar hacer ver lo blanco como negro y lo negro, como rojo. Aunque todos hayan visto un determinado partido, ellos tienen un don para analizar cosas que nadie más ha percibido. Y ya no por falta de análisis, sino porque no han ocurrido o porque hablan de cosas que no tienen nada que ver. Intentan encubrir con palabrería (de mayor o menor rango en función de la oratoria de cada uno) lo que no pueden conseguir con la preparación. Son especialistas en decir muchas obviedades y dar vueltas al lenguaje, pero sin contenido alguno y sin entrar a hablar del juego en sí. Las dinámicas, la implicación, el conjunto, la identificación con los colores, etc. son algunos de sus temas recurrentes.

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  1. Los teóricos de los banquillos

Hay entrenadores que saben mucho a nivel teórico, pero que son incapaces de hacer jugar a un equipo. Los escuchas hablar y da la impresión de que sus conocimientos lo abarcan todo, que conocen el juego en profundidad. Sin embargo, al ver jugar a sus conjuntos, la realidad es muy distinta. Aparte de los conocimientos, un entrenador debe tener las ideas claras, una metodología de trabajo adecuada y debe saber hacerse entender y liderar a los jugadores. Se agradecen los conocimientos en cuanto al juego, que es una cosa que escasea, pero a un entrenador también se le exige que sepa aplicar todo su discurso al juego del equipo. La teoría está muy bien para los libros, los artículos y las ruedas de prensa, pero si la práctica no está al mismo nivel, algo falla.

  1. Los que hablan de fútbol en un idioma paralelo y los galácticos de redes sociales

En estos últimos años, con la influencia de las redes sociales y con el aumento de la oferta de cursos, libros y demás material relacionado con el estudio del fútbol y su entrenamiento, ha aparecido una nueva especie de “sabio”: el entrenador galáctico de redes sociales. Sus características más importantes son: la pedantería de cada actividad propia que muestran en internet; su sabiduría cuando comentan o analizan a cualquier equipo, entrenador o jugador de primer nivel; y su capacidad para hablar en un nuevo idioma paralelo, que se ha creado de un tiempo a esta parte entre algunos entrenadores de este perfil, tratando de etiquetar acciones sencillas con nombres extraños y que apenas nadie entiende. Y todo para aparentar que saben más que el resto. Lástima que muchos de ellos pierdan ese aura genial una vez que pisan un banquillo.

  1. Los que dan una falsa sensación de autoridad y disciplina

La dirección de equipos es otro de los aspectos importantes a la hora de ejercer como entrenador. Hoy en día, que todo se ha profesionalizado y modernizado a gran nivel, se ha avanzado bastante en este tema. Aunque todavía hay una creencia muy extendida de que es necesario imponer una autoridad y disciplina fuertes para que un grupo funcione debidamente. Por ello, hay muchos entrenadores que intentan dar esa imagen ante sus jugadores y ante los aficionados, a pesar de que solo la ejercen con quienes les interesa. Suelen tener unos cuantos jugadores favoritos que les “gobiernan” el vestuario y que tienen el puesto ganado, hagan lo que hagan. Mientras, los demás sí que reciben un trato más duro y autoritario, y necesitan esforzarse mucho para intentar ganarse un puesto, con lo que se genera una diferencia de trato bastante clara. Lo que para unos jugadores puede ser una anécdota, para otros puede llegar a ser motivo de castigo. Estas situaciones acaban generando un descontento bastante grande dentro del mismo equipo, por ver que el trato no es equitativo.

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  1. Los que entrenan sin ningún objetivo claro, improvisan o repiten sesiones por sistema

Dentro de este grupo, se pueden incluir a: los entrenadores que improvisan y hacen cualquier tarea de entrenamiento, sin planificar ni clasificar los contenidos a trabajar en sus sesiones; los que preparan sus sesiones, pero no les dan sentido con unos objetivos claros, sino que entrenan por entrenar; y los que, directamente, basan sus entrenamientos en jugar partidillos, precedidos de alguna tarea física o técnica sin mucho sentido. Aparte de ellos, hay otros que se organizan algo más, pero se dedican a repetir la misma secuencia de entrenamientos en los mismos días, semana tras semana, solo variando alguna tarea que otra. Eso sí, suelen ser de la vieja escuela y siempre tienen excusas para todo. En resumen, son personas sin conocimiento del juego, sin preparación y sin ganas de trabajar que no entienden la importancia de un buen proceso de entrenamiento para conseguir sacar lo mejor de los jugadores, a nivel individual y grupal.

  1. Los que se llevan a sus jugadores fetiche a todas partes y los que dicen confiar en la cantera

Es normal que los entrenadores traten de fichar a algún jugador que al que hayan dirigido anteriormente y el cual confíen. Es un poco más sospechoso cuando se llevan a varios, en bloque, a cualquier equipo que les fiche. Y es que no dice mucho de su conocimiento futbolístico el cerrarse siempre a unos jugadores y no ser capaz de conocer a más o de adaptarse a unos nuevos. A otros se les llena la boca asegurando que les gusta dar oportunidades a los jóvenes de la cantera, pero siempre remarcando que son ellos los que tienen que dar el salto. Parte de razón tienen, aunque en muchos casos los canteranos están solamente de relleno, para ayudar en los entrenamientos, jugando partidos intrascendentes o minutos sueltos de competición. Esto les puede ayudar a crecer durante un tiempo, pero si no acumulan minutos de juego cuando lo merecen, se les acaba cortando la progresión. Lo normal con estos preparadores es que, por muy bien que trabajen los jóvenes, siempre acaben teniendo preferencia los jugadores foráneos y los veteranos.

  1. Los que basan su juego en balones largos, centros laterales, individualidades y jugadas a balón parado

En última instancia tenemos a otro de los perfiles de entrenador más característicos, que nunca pierde vigencia, lamentablemente. Nos referimos a los entrenadores cuyos equipos basan su juego en defender acumulando gente por detrás del balón y atacar con balones largos frontales y sin sentido, centros laterales desde cualquier punto, individualidades y jugadas a balón parado. Vamos, un fútbol nunca visto. Ante las críticas, estos entrenadores siempre lo justifican todo con el trabajo grupal, el sacrificio y creer. Pero no debemos confundirlos con aquellos que desarrollan un juego directo bien trabajado, un estilo de contraataque y/o ataques rápidos con las ideas y conceptos muy claros. El juego que desarrollan estos viene a ser el mismo que puede hacer cualquier equipo de cualquier división inferior (que apenas entrenen) o, incluso, de ligas locales, solo que con jugadores mejores. Y claro, cuando un equipo entrena con regularidad y tiene jugadores de cierto nivel, lo que uno espera es que, al menos, sea para que el entrenador les aporte bastantes más recursos futbolísticos que los nombrados, independientemente del estilo de juego que proponga.

Todos los entrenadores hemos incurrido, circunstancialmente, en alguna de estas cosas. En cambio, hay quienes reúnen una, varias o muchas de ellas y de forma continuada. Es muy necesario reflexionar mucho sobre este tema, porque la elección de los entrenadores marca el devenir, el proceso de construcción y el rendimiento de un equipo. Hay que tener cuidado con no dejarse embaucar por esos métodos caducos y discursos fáciles y populistas, que intentan encubrir las deficiencias reales con excusas y que suelen calar en ciertos sectores con el fin de distraer la atención de lo realmente importante: la calidad del proceso de entrenamiento, la riqueza de conceptos en el juego y el rendimiento real del equipo. Así pues, cuando un entrenador ofrece más palabrería y excusas que un trabajo adecuado, realidades y juego, seguramente sea el momento de cuestionar su valía real en base a la comparación discurso/hechos. Esto no tiene nada que ver con estilos de juego o preferencias. Es una cuestión de coherencia, aptitud, honestidad y profesionalidad.

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